Princesas por un día, esposas de por vida

Este post se iba a titular inicialmente ‘India tiene nombre de mujer’ en memoria de Amanat, la joven -así bautizada por los medios de comunicación indios- que fue brutalmente violada y asesinada por cinco hombres en un autobús el pasado 16 de diciembre en Nueva Delhi, última ciudad que visité en la India casualmente dos días antes de que cometieran aquel crimen machista.

Mi estancia en aquel país se limitó básicamente a la ciudad de Varanasi, situada en el empobrecido estado de Uttar Pradesh y a la que llegué tras cruzar caminando la frontera nepalí, donde tomé un autobús a Gorakhpur y de ahí un tren hasta la ciudad sagrada.

Llegué a la India tras vivir dos meses en Nepal escuchando historias de mujeres, adolescentes y niñas, cuyas vidas están atadas prácticamente desde la cuna a un hombre que ni desean ni repudian, simplemente desconocen o no eligen. Son las “reglas” de una sociedad que se rige por las creencias religiosas, el hinduismo en todas sus vertientes, y unas tradiciones ancestrales, como el arcaico e injusto sistema de castas, que vulnera los derechos y libertades en este caso de la mujer.

Lo que realmente me sorprendió cuando escuché la noticia por la TV ya estando en casa, fueron las protestas y altercados que estaban produciéndose en Nueva Delhi a raíz de la violación de Amanat. ¿Manifestaciones públicas y masivas a favor de los derechos de la mujer en la India? Ni soy experta ni conozco lo suficiente aquel país, pero puedo asegurar que esas protestas anti-machistas son inauditas en los escenarios por los que me moví durante mis días en la India y, sobre todo, en Nepal. Sin duda, esas protestas eran, a mi juicio, el verdadero hecho noticiable.

Y sin querer restar un atisbo de relevancia al crimen sufrido por Amanat, estas semanas no he podido evitar recordar algunas grandes historias de pequeñas heroínas, mujeres y adolescentes, que compartieron conmigo su impotencia, resignación y miedo. Aunque no todo fueron tristezas, también hubo historias dulces tatuadas con amor.

UN CONTRATO NUPCIAL DESDE LA CUNA

Una de las preguntas más repetidas que me hacían las mujeres, niñas y adolescentes que conocí en Nepal e India fue si estaba casada. Cuando respondía que no, automáticamente me preguntaban cuántos años tenía. Y cuando decía que tenía treinta y tantos, la confusión y la curiosidad se disparaban y proseguían el ‘interrogatorio’ ahora con un tono más compasivo: ¿Por qué no estás casada?

Rasmila (nombre ficticio), de unos quince años, no se sorprendió en absoluto cuando le dije que era una mujer soltera y sin hijos a mis treinta y tantos. Es curioso, porque esta adolescente que me hizo un hueco en el asiento del destartalado autobús en el que viajábamos desde la punta del monte Namobuda por aquel puerto infernal hacia Panauti, en el valle de Katmandú, no es que hubiera viajado mucho por Occidente, pero sí lo suficiente a través del contacto con los cientos de turistas que hacen trekking por aquellos valles.

Me contó que volvía de la boda de su hermana, una chica de unos 16 o 17 años que estaba sentada dos asientos por delante junto a su recién marido. Rasmila tenía ganas de conversar, estaba alegre porque la boda había sido “muy divertida”, pero había un poso amargo en sus palabras. “Yo no me quiero casar tan pronto”, afirmó bajando el tono de voz -supongo, para que no le oyera su hermana recién casada- y abriendo a la vez sus preciosos ojos verdes. “Pero son las ‘rules’ (reglas) y voy a tener que casarme”, añadió resignada. Rasmila me confesó que a ella le gustaría elegir a su futuro marido y confiaba en que las cosas cambiarán en el futuro. De no ser así, insistió en que rezaría para que su familia eligiera para ella un “buen” chico.

Las bodas hinduistas en Nepal e India son un acontecimiento importante. Las familias se empeñan para pagar la dote y la ceremonia. Durante varios días celebran el convite y acuden un sinfín de invitados; familiares de los familiares de los familiares. Una cadena interminable de familiares y una única princesa, la novia. Sin duda, con un vestido elegante, de princesa, brillando como una estrella entre la multitud familiar.

Y después de la gran ceremonia, la princesa se convierte en esposa de por vida. Todas sus decisiones y su futuro estará condicionado al devenir de su marido, un hombre de una determinada casta al que no se elige por amor, sino en la mayoría de los casos por necesidad o conveniencia religiosa y socio-cultural. Un amor o cariño que se teje tras el matrimonio en algunos casos con éxito y en otros con muchas amarguras.

Deepa Thapa (nombre ficticio) conoce bien estos sinsabores. Esta bella mujer con 40 años recién cumplidos y un hijo de nueve, jamás volverá a ser princesa por un día. Su marido le abandonó por otra mujer. Y en la cultura nepalí no está bien visto que una mujer se case en segundas nupcias. El hombre lo puede hacer una, dos y las veces que quiera, mientras que la mujer está condenada de por vida a estar sola con lo que ello conlleva en una sociedad patriarcal.

LAS VIUDAS INDIAS

Indagando un poco más sobre la situación de la mujer en la India, un buen amigo catalán me habló del trabajo de la organización SOS Mujer, una asociación que trabaja para ayudar a las viudas en la India, mujeres que tras perder a su marido son estigmatizadas, repudiadas y condenadas a morir abandonadas. “Aunque la ley prohibió el rito del sati, que obligaba a inmolarse en la pira funeraria de sus maridos, en la práctica quedan muertas en vida. Son descastadas, despojadas de sus propiedades y empujadas a vivir mendigando”, explica en su web esta asociación que trabaja en Vrindavan, conocida como ‘la ciudad de las viudas’.

tatoobwPero no quiero terminar este post dedicado a todas las mujeres hinduistas de Nepal e India con un poso amargo. Gauri Kulkarni (nombre ficticio) se casó por amor. A esta joven india le conocí en New Delhi, fue ella quien me tatuó con henna por primera vez mis dos manos. Tuvimos tiempo para conversar. Me contó que ella y su marido, ambos de 27 años, se dedicaban a tatuar a las chicas para su ceremonia de bodas. El trabajo que realizaban en la calle lo hacían para ganar un dinero extra. En pocos meses, iban a ser padres. Gauri se mostró al principio reservada, pero tras terminar de tatuar mi mano izquierda, estaba más relajada y me hizo la Pregunta: “¿Estás casada?”. Ella sonrió cuando le pregunté si ella estaba enamorada de su marido. Su respuesta fue tajante: “Nosotros nos hemos casado por amor, nos conocemos desde que éramos niños”. No quise preguntar más, sus ojos brillaban intensamente cuando miró a su marido que se acercaba en ese momento. Entonces pensé: “el amor libre también es posible en la India. Y el respeto a la mujer también lo será algún día”.

Volviendo a Amanat y a todas las mujeres casadas sin amor, solo me queda desearles la mayor de las suertes. Y espero que aquellas protestas vividas hace dos meses supongan un punto de inflexión real en el reconocimiento de los derechos de la mujer en la India y Nepal.

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1 Comment

  1. Zoë

     /  2013/02/05

    Desgraciadamente las cifras de mujeres forzadas al matrimonio concertado son mucho mayores de las que se publican. Hay muchísimas mujeres por todo el mundo viviendo auténticas pesadillas por este tema. Esperemos que el acceso a la información y la tecnología permita un cambio positivo lo antes posible.

  • La autora

  • Esta periodista se suma a los millones de bloggeros que a lo largo y ancho del planeta tienen algo que contar, denunciar o proponer. A mis treinta y tantos me atreví a dar el paso para intentar cambiar el rumbo de mi vida. Uno de los resultados de está travesía en la que me hallo es mi nuevo blog "30 y tantos". La idea es aportar mi pequeño granito de arena a este mundo en constante crisis, no solo económica sino también de valores. Desde este rincón del planeta quiero tocar a la puerta de vuestras conciencias con pequeños relatos, opiniones, noticias, iniciativas... de y sobre pequeños héroes que cada día comparten con nosotros este mundo global tan diverso y plural, con tantos colores, razas, culturas, religiones e ideologías... Con una sonrisa te invito a divisar el mundo desde mi 'balcón'. Acomódate, tomáte un ratito de tu tiempo y comparte tus reflexiones. Te espero! Read in English

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